Como refrescar los cuerpos en verano y otras cosas sin importancia

Te despiertas con las sabanas pegadas mientras las ultimas gotas de sudor corren por tu frente, despegas la cara de la almohada, no con mucha facilidad, pones los pies en el suelo y el contacto con este parece que alivia los 24º que ya asoman por la ventana, pero el alivio tan solo dura unos segundos… CALOR.

Abres la nevera sin todavía despegar los parpados, llenas la boca de agua fría, levantas la mirada y… ¡llegas tarde a trabajar!

– «¿A que hora me dormí ayer?» «¿Que día es?» «¿Cuanto falta para que llegue el fin de semana?» «¿Y este calor… cuando acaba?»

Corres en la medida que los ya 29º te dejan hacerlo, abres la puerta del curro y tu jefe te espera con los brazos cruzados, como si no tuviera nada mejor que hacer que mirar fijamente a la puerta y esperar a que entres con cara de angustia; un poco por llegar tarde y un poco por el sol que ya a esta hora quema sin piedad. 

Pasas el día currando, dando paseos a la maquina de refrescos, llenando el vaso de hielo, mirando la desesperación de tus compañeros que están al lado de la venta y te odian por que tu mesa esta justo debajo del aire acondicionado.

Media hora antes de acabar escuchas el sonido de tu móvil, como una pequeña llamada de socorro: – «¿Tomamos algo?»

Te sientas en una terraza, después de saludar a la mitad de personas que están sentadas en el velador.

-«Hola ¿Que tal?» «Si, vaya calor» «A ver si encontramos un sitio para sentarnos»

Tomas una tapa, no te entra nada mas, cada vez hay mas gente y el calor no remite ni un momento, piensas en aire acondicionado, música y un buen «copazo» … 22:30h.

– ¡Vamos a El Veintiuno!

– Pero es muy pronto aun…

– ¡No! ahora abren a las 22:30.

– ¿Y a que estamos esperando?