ANNI B SWEET Y EL VIAJE A UN UNIVERSO POR ESTRENAR

El Veintiuno colgaba el pasado sábado el cartel de entradas agotadas para el concierto de una aclamada Anni B Sweet que hacía parada en la capital oscense para presentar su último trabajo Universo por estrenar, primero íntegramente en español. Habían pasado más de seis años de aquel acústico donde se subía por primera vez sobre el escenario de la sala, y tras tal espera regresaba con este cuarto álbum en el que denota un gran cambio con respecto a los anteriores.

Una sala llena esperaba para disfrutar de un repertorio de sonido entre el pop y la psicodelia donde pervive en sus melodías esa herencia de los 60s y 70s que ha alimentado sus canciones desde el inicio. En definitiva un viaje conceptual, con referencias al espacio, al cosmos y a las estrellas.

Astros sería la encargada de abrir el show con una Anni acompañada por unos grandes músicos como son Julia Martín-Maestro (batería) y Víctor Cabezuelo (teclado), de Rufus T. Firefly, además de Antonio Trapote (guitarra) del grupo Ambre y Chumi (bajo). Con una puesta en escena que durante todo el concierto buscaría una atmósfera sideral, como venida del espacio con el apoyo del juego de luces.

Un universo por estrenar con un gran trabajo a nivel compositivo y donde explorar nuevos territorios. Un lugar donde la voz se fundía con la instrumentación en muchos momentos e iba desgranando cada tema: El astronauta, Hormigas, Mente hambrienta, Ser luz, Sola con la luna… y que atrapaba cada vez más y más a los ahí presentes.

Su pequeño homenaje a  la imaginación llegaría con La vida está en otra parte, un tema que vino introducido por un pequeño cuento, aunque comentara que no se le daba bien hablar, pero que evidenciaba una vez más la naturalidad y humildad de la malagueña.

A lo largo del concierto también tuvieron cabida canciones de sus anteriores discos en inglés como Drive, Chasing illusions o Getting older, que seguían poniendo de manifiesto la prodigiosa voz de la cantautora y el buen hacer de ella junto a su banda.

Ya se había traspasado el ecuador de la noche y con el tema ¿Qué hago aquí? prevenía del cercano final y sería con el que abandonarían el escenario por un momento, para después ella sola reaparecer y preguntarnos si nos apetecía escuchar un tema en acústico. Como era de esperar, la elegida sería Take On Me, y así regalar uno de los momentos más coreados de la noche junto al siguiente tema, este ya con toda la banda en escena: Buen Viaje, el que es sin duda una maravilla pop de nuestros días y todo un hit.

Finalmente con Juramento vendría la despedida definitiva de este gran viaje cósmico en compañía de esta superlativa artista, creadora de un nuevo universo de canciones que brillan con luz propia.

Anni B. Sweet se ha consolidado ya como una las de las voces más icónicas del indie actual y esa noche el público oscense constató que si hay alguien capaz de superar a Anni B Sweet es ella misma.

 

Texto y fotos: Lorena GB

 

GEORGINA VUELVE A BRILLAR EN LA CAPITAL OSCENSE

Gerogina en la sala El Veintiuno

Por tercera vez, y seguro que no la última, el viernes 24 de mayo la sala El Veintiuno recibía en su escenario a la artista Georgina, que regresaba en formato acústico para presentar su nuevo trabajo Bienvenido a mi habitación. Un repertorio en el que recupera temas viejos y cuenta con siete nuevas canciones, y en el que presenta una evolución tanto personal como musical acercándose a sus raíces.

Antes de esto, como artista invitado y telonero, pudimos descubrir a un talentoso y desconocido Hernán Mazziotti de voz rasgada, que junto a su piano fue muy apropiado para calentar el terreno.

El show de Georgina arrancaba con el tema que da título al disco, Bienvenido a mi habitación, y con ella enfundada solamente con su guitarra y una gran sonrisa. No hizo falta más para que entre el público se empezara a corear la canción, la primera de muchas, que denotaba la admiración por la artista de los ahí presentes.

A continuación sonaban: Nunca más, canción muy conocida de su etapa con Tisuby y compuesta en Venezuela cuando tenía tan solo 19 años; Me enamoré en la que en su presentación arrancaba más de una carcajada o Canciones perdidas, tocada y cantada a modo de ranchera. En cada tema Georgina hablaba de sus vivencias y el porqué de esas letras, consiguiendo una cercanía cada vez mayor con el público. El concierto se estaba transformando poco a poco en algo así como una reunión entre amigos, donde la preciosa voz de esta mujer cantándonos hacía del momento algo mágico y especial.

Después llegaría Con solo una mirada, otra de las canciones recuperadas de años atrás que no podía faltarle a la noche, quedando irremediablemente bonita.

Otro tema rescatado de su época con Tisuby y en su día bastante rockero, llegaba sonando con sencillez y de una manera preciosa: Ruleta del amor, mostrando de nuevo un buen gusto interpretativo.

Se escucharon además canciones de su anterior disco como Ana, Vértigo o Rara. Nadie en la sala parecía resistirse a corear alguna de las estrofas, a estas alturas del concierto no había ninguna duda de que se las sabían. También otra de las nuevas dedicada a su mejor amiga, en este caso su madre María, a la que sin tenerla delante la conocimos desde las palabras de cariño y admiración que le profesaba la cantante. Y con Cero llegaría el mantra personal con el que repetir: ‘sé que estaré bien’.

El público disfrutaba y la artista estuvo en todo momento atenta de que así fuera, de forma natural y compartida, haciéndolo partícipe de cada canción y cada historia. La buena energía siguió fluyendo de la mano de temas como Bésame, compuesta para su ‘pechugo’ como llama a su pareja, o con No te acostumbres o Supermujer, ya de los últimos temas que tocaría.

La encargada de cerrar el repertorio sería Que corra el aire, aunque nos resistiéramos a dejarla ir. Esa noche nos daba la bienvenida a su habitación, dentro de la sala El Veintiuno: su casa, la nuestra, y un lugar donde siempre poder volver. La magia de esta sala junto al brillo de Georgina lograron una perfecta velada.

Texto: Lorena GB

QUEMA LA MEMORIA, A TRAVÉS DE LOS SENTIDOS

La noche del viernes 12 de abril la sala El Veintiuno tenía preparado algo diferente y muy especial para su público. Dos grandes creadores de relatos a través o bien de la música o bien de la pintura se subían al escenario oscense para presentar Quema la memoria a través de una performance en directo. The New Raemon en acústico con un repertorio de canciones ilustradas y reinterpretadas por obra y gracia de Paula Bonet.

La velada comenzaba sonando a Cíclope o El Yeti en la voz del artista acompañado por su guitarra y acompasado por las imágenes pintadas y proyectadas en una pantalla que realizaba simultáneamente ella, la otra gran protagonista.

Un tándem unido anteriormente que dio como resultado un libro que recopilaba todas las canciones escritas entre 2007 y 2017 del cantante, bellamente ilustradas a doble página por la pintora. Una celebración de los 10 años de trayectoria del músico que en esta noche se le otorgaba todavía mucho más significado.

El repertorio continuaba con temas como QuimeraLo bello y lo bestia, o el tema en catalán El poni colorado. Una sucesión de canciones, historias y complicidad en un ambiente próximo, con un público atento y en silencio.

Se vio a un Ramón Rodríguez poniéndole voz y calidez a un viaje de luces y sombras con la inestimable ayuda de una Paula Bonet muy concentrada en su espacio montado para la ocasión, en algo con lo que se nota que se siente cómoda: en la creación de imágenes a través de la pintura.

También hubo lugar para un par de canciones del disco con Ricardo Lezón. Lluvia y truenos, para el propio artista una de las más bonitas que ha hecho, y razón no le falta, y el tema Montañas. O una de su último disco, En el centro del baile, interpretado en un estilo más country para la ocasión. Tampoco faltaría el tema titulado La cafetera, la primera canción que escribió en castellano. Una suma de letras y melodías que cobraban vida y acababan desdibujándose ante nuestros ojos. Y Agosto, una canción de Ricardo Lezón pero inspirada en otro miembro del grupo, que cerraría este regalo de show.

Arte para los sentidos gracias al acierto por parte de la sala de programar una velada tan novedosa y la genialidad de estos dos grandes artistas de crear algo así y querer compartirlo con el público.

Texto: Lorena GB

VIAJE AL MUNDO INTERIOR DE MANUELA VELLÉS

Huesca, 23 de marzo, casi medianoche, y un público expectante frente al escenario de la sala El Veintiuno. Así empieza un relato que bien podría ser cinematográfico, y más teniendo en cuenta de quién sería la protagonista. Nada más ni nada menos que la reconocida artista Manuela Vellés, más bien por su carrera como actriz, pero que en esta ocasión nos iba a descubrir su faceta como cantautora.

Esa semana en la ciudad se celebraba la Muestra de Cine Realizado por Mujeres de Huesca en su decimonovena edición, y esta cita musical en cierta manera le daba esa pincelada de cine y de nexo de unión. Sin duda una elección muy exquisita y apropiada por parte de la sala como actividad paralela dentro del marco de la muestra.

La cantante pisaba por primera vez este escenario oscense, tras su paso el día anterior por el Centro de Congresos de Barbastro. Un gran estreno en la provincia donde como ella mismo comentaría, resultaba ser donde firmaría su primeros ejemplares del libro-disco creados especialmente para la presentación al público de este su primer álbum Subo Bajo.

Ataviada tan solo de su guitarra y su voz, Vellés hacía un recorrido por su repertorio de trece canciones, repleto de retratos de realidad, de letras que nos mostrarían su mundo de luces y sombras. Destellos del propio Subo Bajo que le da nombre al disco; la fuerza de No me ves o Amanezco Cantando; al ritmo del BalanceoBailemos La Niña Mala; el amor en Ojos Chiribitas; las emociones en Mi Suerte e Inevitable o Zac, canción para su sobrino; la superación con La Hoja; y para corear No me busques más. A través de un bonito timbre de voz y lo personal de sus estrofas, nos explicaría el origen de cada uno de sus temas, desnudándose interiormente ante el público, y enseñando así una faceta mucho más íntima y propia. La fórmula propicia para regalarnos una velada cálida, calmada y especial.

Esa noche el absoluto silencio en la sala por parte del público se hizo palpable, denotando un verdadero interés por lo que estaba sucediendo, y quizás fuera también fruto de ese brillo en la mirada de la madrileña, que traspasaba el escenario. Supo captar esa atención y hacernos partícipes de sus historias, y sentir esos extremos de la vida en los que a veces ‘subes’ y otras ‘bajas’. Un concierto sincero y libre de artificios. No hacían falta.

Texto: Lorena GB

EL HURACÁN MUSICAL ALICE WONDER

El pasado sábado 23 de febrero la sala El veintiuno había programado como último concierto de mes, uno de los que iría directamente a la lista de inolvidables e imprescindibles. Alice Wonder, como esta joven madrileña se hace llamar, llegaba a la capital oscense por primera vez para presentar su álbum debut Firekid.

Irrumpían en el escenario Alice junto a su banda, Charlie Moreno al bajo y teclados y Echedey Molina a la batería, y comenzaban a sonar los primeros acordes de Wash over, la primera canción del disco y encargada de iniciar el show. A continuación llegarían temas como Clean up the mess o Playgame, que nos adentraban en el mundo interior de la artista, o como en el caso también de High tree city, que hablaba de su mejor amigo.

Como ella comentaba, le gusta seguir manteniendo las versiones en sus conciertos, pero había una que no tocaba nunca porque le parecía demasiado buena como para hacerlo, pero era una noche especial así que se había decidido a tocarla. Y ahí nos encontrábamos a punto de presenciar I can’t make you love me de Bonnie Raitt, versionada a piano y voz con una absoluta exquisitez y marcada por un ambiente de total intimidad. En el que seguimos envueltos con The world is changing (me) que interpreto esta vez acompañada de la guitarra.

Después, un tema que tiene en castellano pero que no está en el disco, Ahora por si apareces, y que habla de esa persona que te cae fatal y que jamás sería tu amigo pero de la que incomprensiblemente te enamoras, hizo que acabara siendo coreada en su estribillo a petición de la propia artista. Reaparecieron sus dos músicos para seguir con más repertorio, Fire on my hands, Like mornings, Run run… Un conjunto que conseguía enganchar al público cada vez más, haciendo patente de forma más que evidente de que esta joven promesa del indie está dejando de serlo para convertirse en una realidad.

Durante el show una canción que sorprendió y encantó entre el público, y a mí personalmente me flipó, fue Rob a bank, una colaboración que hizo con el productor Ed is Dead y que nos mostró a una Alice más desatada. De nuevo sola al piano, con el tema Que se joda todo lo demás, compuesto apenas hace un mes, nos hablaría sobre ese punto de luz que encuentras en esas cosas que no van como deberían. Y acabaron sonando I don’t know how y Take off como el que parecía el broche final. Y es que como la propia Alicia nos explicaba durante el concierto, de abrirse una cuenta en Instagram animada por sus amigos y al poco convertirse en un fenómeno viral de esa red social donde versionaba canciones de reconocidos artistas, pasó gracias a la ayuda de una modesta discográfica (Infarto) que empezada desde cero, a tener tres millones de escuchas con su primer tema Take off en Spotify. Todo muy ‘random’ pero un gran empuje para continuar y componer más canciones.

La madrileña, dejó ver actitud y una gran madurez a pesar de su juventud, ofreciéndonos un viaje por sus vivencias personales a través de sus canciones, en su gran mayoría en inglés, debido a que como ella misma explicó, al entrar en un colegio bilingüe con 6 años aprendió a expresarse mejor en ese idioma antes que en castellano.

Pero esto no había acabado, con los bises, nos encontramos con ella sola frente al piano para interpretar la única canción en castellano del álbum, Bajo la piel, que hizo que definitivamente todo el público cayera rendido. Fue emocionante ver en una artista como confluyen esa garra y delicadeza interpretativa.

Ya de nuevo con banda, Strategy Too mad fueron los últimos temas que irremediablemente anunciaban ahora sí, el final del concierto y su despedida del público oscense, pero con la emoción de haber podido vibrar con ella. Además, nos queda la certeza de que volverá, y con el cartel de entradas agotadas.

Una presentación de ‘Firekid’, que como bien define, todos llevamos dentro, a esa niña o niño de fuego que nunca es tarde para que salga y hagamos sin miedo las cosas que realmente queremos hacer o nos gustan. A las y los presentes nos regaló durante casi hora y media su extraordinaria voz con mucho soul y talento musical, a través de esa puesta en escena tan íntima y desgarradora.

A veces, a dos metros de distancia, la magia se torna realidad, haciéndonos desear que ojalá Alice Wonder haya llegado para quedarse, y que la sala El Veintiuno no pierda nunca su don de darnos estos momentos musicales tan especiales.

Texto: Lorena GB

MAIKA MAKOVSKI EN ESTADO PURO

Maika FB© Marina Gil -1

El Veintiuno nos tenía preparada para el ecuador de su 7º aniversario una noche inolvidable. La sala hizo que nos encontrásemos por primera vez sobre su escenario un piano de cola y a una Maika Makovski sola ante el peligro pero sin nada que temer. Volvía sin banda después de 4 años y repitiendo de nuevo para el aniversario.

Comenzó dedicándonos una sonrisa y ya con guitarra en mano hizo el primer regalo de la noche con Canadá, la primera canción de su último disco Chinook Wind. Bastó poco para saber que estábamos frente a una artista mayúscula. Rostros sorprendidos y gestos de declarada admiración auguraban que esa voz y potencia interpretativa iban a traspasar el escenario para dejarnos sin aliento.

La siguiente canción vendría acompañada del piano, donde dejaba claro que juntos formaban un binomio perfecto. No sin antes dar las buenas noches y recalcar sus ganas de tocar en ambientes como este, salas y bares impregnados de otros olores y sensaciones propias. Hemos de recordar su paso en mayor medida por teatros en su gira actual. I want to cry sonaba nota a nota entrelazándose y viajando hacia lugares desconocidos, nos hacía cómplices de sus historias, al igual que en downtown donde podíamos percibir su intensidad y determinación con la que lo interpretaba a piano y voz.

Su magnetismo era evidente. Tenía a un público embelesado y rendido a su talento. Desprendía una fuerza extraordinaria sobre el escenario y sabía proyectarla pero que muy bien.

Desbordantes de sentimiento y fluyendo con fuerza sonaron temas como Body e Iron Bells. También presenciamos la belleza de Not in love, otro de los temas que sonó de su último disco. Canciones a piano y a la guitarra las combinaba con gran naturalidad y seguridad, entremezclando ciertos momentos con risas y alguna que otra historia que hacía de la velada un lugar cómodo y de total disfrute.

Y es que no podemos dejar de lado que parte de la magia y buena energía que se crea entre ambos lados del escenario son fruto de la sala en la que nos encontrábamos. En El Veintiuno te sientes a gusto, como en casa y se logra esa cercanía y conexión con el artista tan importante en un concierto.

Sonidos pop, rock, folk se sucedían en el repertorio, temas de anteriores discos como Language, Lava Love… pero no nos confundamos, encasillarla en un estilo sería un error. Esta cantautora mallorquina de raíces macedonias y andaluzas tiene personalidad y mucha honestidad interpretativa.

Como colofón de la noche, Makovski para los bises se tomó el atrevimiento de interpretar dos versiones muy dispares entre sí pero muy acertadas, que una vez más mostraron la versatilidad de la artista. Los Aceituneros de Marifé de Triana, donde hacía un guiño a sus raíces andaluzas y China Girl de Bowie, todo un homenaje a uno de los grandes. Un punto y final a una delicia de show, de los de saborear y que te llenan de sensaciones.

Sencillamente hay conciertos que te alegran la vida, y nuestro mejor regalo es poder compartir tan gratos momentos musicales en El Veintiuno. ¡Feliz aniversario!

Texto: Lore GB

Imagen: Marina Gil