EL VEINTIUNO “ETIQUETA NEGRA”

La energía ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma. Han sido cerca de 1000 conciertos en la ciudad de Huesca en estos nueve años maravillosos. Sin necesidad de ayudas públicas, simplemente con el apoyo popular a un tipo de propuestas musicales que creímos que merecía tener una capital de provincia como Huesca. Poco a poco, el reconocimiento popular fue refrendado por el reconocimiento en forma de distinciones como las distintas nominaciones cada año en los Premios de la Música Aragonesa y que culminaron en la consecución de sendos galardones en 2014 y en 2016; la aparición en el top de salas preferidas por los lectores de la prestigiosa revista Rockdelux durante varios años (llegando a estar en el segundo lugar del año 2014); o el reconocimiento local en 2015 con el premio de Altoaragoneses del año que entrega el Diario del Altoaragón. El proyecto de El Veintiuno gracias a todo esto ha ido creciendo en magnitud y ambición. Ya se venía desarrollando una actividad de producción de musical fuera del ámbito de la sala (conciertos de San Lorenzo, fiestas de Logroño, Festival Monasterio de Veruela o Festival Aragón Sonoro, son algunos ejemplos). Es por ello que en este momento se decide dar un paso para potenciar más la experiencia de los conciertos en directo. No es un adiós, es una evolución que, desde la sala, creemos lógica.

La energía ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma. Es por ello que la energía especial y popular que desprende la sala en sus conciertos y otras actividades no se va a perder, se va a transformar ligeramente. Desde la sala se quiere potenciar el desarrollo de esos proyectos paralelos en los que ya se encontraba trabajando desde hace tiempo pero guardando la misma energía para seguir ofreciendo una programación puntual en directo de la mejor calidad al estilo de la que ha jalonado la trayectoria de la sala (Iván Ferreiro, Dorian, Izal, Coque Malla, La Bien Querida, Sidonie, Ariel Rot, Def con Dos, El Columpio Asesino, Rubén Pozo o Christina Rosenvinge, entre muchos otros nombres). Se quiere potenciar una nueva actividad donde predominen noches musicales más puntuales, en la que la actividad general semanal de la sala será menor pero que cuando esta se produzca la calidad sea el estándar. Es eso lo de “Etiqueta negra” porque ahora El Veintiuno, cuando abra sus puertas, será para ponerse siempre de gala.

El Veintiuno perderá su carácter de bar para transformarse en un espacio multidisciplinar en el cual albergará las oficinas (con su horario) que servirán de “cuartel general” desde el que preparar todas las actividades especiales que puedan tener lugar en la sala o fuera de ella. Oficinas que cuando sea necesario, como ya hemos comentado antes, se vestirán con sus mejores ropas para acoger esos conciertos y noches musicales especiales e incluso otro tipo de actividades complementarias o paralelas que puedan ser compatibles con la filosofía y el espíritu de El Veintiuno.

Esto no es una despedida, sino un hasta luego. Es un paso adelante para seguir avanzando y ofreciendo unas alternativas culturales y de ocio de la mejor calidad a la ciudad de Huesca además de seguir implementando diferentes proyectos de producción fuera de la ciudad. Desde El Veintiuno se decide tomar una decisión valiente, acorde con la filosofía del proyecto, de cambiar mientras se está en un magnífico momento. Buscando marcar los ritmos por voluntad propia y no por necesidades coyunturales. ¡Gracias a todo el mundo que ha sido parte de nuestra historia hasta ahora! Que sepan que siguen aguardando sorpresas que se van a ir desvelando poco a poco. ¡Gracias por dejarnos crecer! Sin vosotros/as no habría sido posible. El Veintiuno no se destruye, al igual que la energía, simplemente se transforma.

ANNI B SWEET Y EL VIAJE A UN UNIVERSO POR ESTRENAR

El Veintiuno colgaba el pasado sábado el cartel de entradas agotadas para el concierto de una aclamada Anni B Sweet que hacía parada en la capital oscense para presentar su último trabajo Universo por estrenar, primero íntegramente en español. Habían pasado más de seis años de aquel acústico donde se subía por primera vez sobre el escenario de la sala, y tras tal espera regresaba con este cuarto álbum en el que denota un gran cambio con respecto a los anteriores.

Una sala llena esperaba para disfrutar de un repertorio de sonido entre el pop y la psicodelia donde pervive en sus melodías esa herencia de los 60s y 70s que ha alimentado sus canciones desde el inicio. En definitiva un viaje conceptual, con referencias al espacio, al cosmos y a las estrellas.

Astros sería la encargada de abrir el show con una Anni acompañada por unos grandes músicos como son Julia Martín-Maestro (batería) y Víctor Cabezuelo (teclado), de Rufus T. Firefly, además de Antonio Trapote (guitarra) del grupo Ambre y Chumi (bajo). Con una puesta en escena que durante todo el concierto buscaría una atmósfera sideral, como venida del espacio con el apoyo del juego de luces.

Un universo por estrenar con un gran trabajo a nivel compositivo y donde explorar nuevos territorios. Un lugar donde la voz se fundía con la instrumentación en muchos momentos e iba desgranando cada tema: El astronauta, Hormigas, Mente hambrienta, Ser luz, Sola con la luna… y que atrapaba cada vez más y más a los ahí presentes.

Su pequeño homenaje a  la imaginación llegaría con La vida está en otra parte, un tema que vino introducido por un pequeño cuento, aunque comentara que no se le daba bien hablar, pero que evidenciaba una vez más la naturalidad y humildad de la malagueña.

A lo largo del concierto también tuvieron cabida canciones de sus anteriores discos en inglés como Drive, Chasing illusions o Getting older, que seguían poniendo de manifiesto la prodigiosa voz de la cantautora y el buen hacer de ella junto a su banda.

Ya se había traspasado el ecuador de la noche y con el tema ¿Qué hago aquí? prevenía del cercano final y sería con el que abandonarían el escenario por un momento, para después ella sola reaparecer y preguntarnos si nos apetecía escuchar un tema en acústico. Como era de esperar, la elegida sería Take On Me, y así regalar uno de los momentos más coreados de la noche junto al siguiente tema, este ya con toda la banda en escena: Buen Viaje, el que es sin duda una maravilla pop de nuestros días y todo un hit.

Finalmente con Juramento vendría la despedida definitiva de este gran viaje cósmico en compañía de esta superlativa artista, creadora de un nuevo universo de canciones que brillan con luz propia.

Anni B. Sweet se ha consolidado ya como una las de las voces más icónicas del indie actual y esa noche el público oscense constató que si hay alguien capaz de superar a Anni B Sweet es ella misma.

 

Texto y fotos: Lorena GB

 

GEORGINA VUELVE A BRILLAR EN LA CAPITAL OSCENSE

Gerogina en la sala El Veintiuno

Por tercera vez, y seguro que no la última, el viernes 24 de mayo la sala El Veintiuno recibía en su escenario a la artista Georgina, que regresaba en formato acústico para presentar su nuevo trabajo Bienvenido a mi habitación. Un repertorio en el que recupera temas viejos y cuenta con siete nuevas canciones, y en el que presenta una evolución tanto personal como musical acercándose a sus raíces.

Antes de esto, como artista invitado y telonero, pudimos descubrir a un talentoso y desconocido Hernán Mazziotti de voz rasgada, que junto a su piano fue muy apropiado para calentar el terreno.

El show de Georgina arrancaba con el tema que da título al disco, Bienvenido a mi habitación, y con ella enfundada solamente con su guitarra y una gran sonrisa. No hizo falta más para que entre el público se empezara a corear la canción, la primera de muchas, que denotaba la admiración por la artista de los ahí presentes.

A continuación sonaban: Nunca más, canción muy conocida de su etapa con Tisuby y compuesta en Venezuela cuando tenía tan solo 19 años; Me enamoré en la que en su presentación arrancaba más de una carcajada o Canciones perdidas, tocada y cantada a modo de ranchera. En cada tema Georgina hablaba de sus vivencias y el porqué de esas letras, consiguiendo una cercanía cada vez mayor con el público. El concierto se estaba transformando poco a poco en algo así como una reunión entre amigos, donde la preciosa voz de esta mujer cantándonos hacía del momento algo mágico y especial.

Después llegaría Con solo una mirada, otra de las canciones recuperadas de años atrás que no podía faltarle a la noche, quedando irremediablemente bonita.

Otro tema rescatado de su época con Tisuby y en su día bastante rockero, llegaba sonando con sencillez y de una manera preciosa: Ruleta del amor, mostrando de nuevo un buen gusto interpretativo.

Se escucharon además canciones de su anterior disco como Ana, Vértigo o Rara. Nadie en la sala parecía resistirse a corear alguna de las estrofas, a estas alturas del concierto no había ninguna duda de que se las sabían. También otra de las nuevas dedicada a su mejor amiga, en este caso su madre María, a la que sin tenerla delante la conocimos desde las palabras de cariño y admiración que le profesaba la cantante. Y con Cero llegaría el mantra personal con el que repetir: ‘sé que estaré bien’.

El público disfrutaba y la artista estuvo en todo momento atenta de que así fuera, de forma natural y compartida, haciéndolo partícipe de cada canción y cada historia. La buena energía siguió fluyendo de la mano de temas como Bésame, compuesta para su ‘pechugo’ como llama a su pareja, o con No te acostumbres o Supermujer, ya de los últimos temas que tocaría.

La encargada de cerrar el repertorio sería Que corra el aire, aunque nos resistiéramos a dejarla ir. Esa noche nos daba la bienvenida a su habitación, dentro de la sala El Veintiuno: su casa, la nuestra, y un lugar donde siempre poder volver. La magia de esta sala junto al brillo de Georgina lograron una perfecta velada.

Texto: Lorena GB

QUEMA LA MEMORIA, A TRAVÉS DE LOS SENTIDOS

La noche del viernes 12 de abril la sala El Veintiuno tenía preparado algo diferente y muy especial para su público. Dos grandes creadores de relatos a través o bien de la música o bien de la pintura se subían al escenario oscense para presentar Quema la memoria a través de una performance en directo. The New Raemon en acústico con un repertorio de canciones ilustradas y reinterpretadas por obra y gracia de Paula Bonet.

La velada comenzaba sonando a Cíclope o El Yeti en la voz del artista acompañado por su guitarra y acompasado por las imágenes pintadas y proyectadas en una pantalla que realizaba simultáneamente ella, la otra gran protagonista.

Un tándem unido anteriormente que dio como resultado un libro que recopilaba todas las canciones escritas entre 2007 y 2017 del cantante, bellamente ilustradas a doble página por la pintora. Una celebración de los 10 años de trayectoria del músico que en esta noche se le otorgaba todavía mucho más significado.

El repertorio continuaba con temas como QuimeraLo bello y lo bestia, o el tema en catalán El poni colorado. Una sucesión de canciones, historias y complicidad en un ambiente próximo, con un público atento y en silencio.

Se vio a un Ramón Rodríguez poniéndole voz y calidez a un viaje de luces y sombras con la inestimable ayuda de una Paula Bonet muy concentrada en su espacio montado para la ocasión, en algo con lo que se nota que se siente cómoda: en la creación de imágenes a través de la pintura.

También hubo lugar para un par de canciones del disco con Ricardo Lezón. Lluvia y truenos, para el propio artista una de las más bonitas que ha hecho, y razón no le falta, y el tema Montañas. O una de su último disco, En el centro del baile, interpretado en un estilo más country para la ocasión. Tampoco faltaría el tema titulado La cafetera, la primera canción que escribió en castellano. Una suma de letras y melodías que cobraban vida y acababan desdibujándose ante nuestros ojos. Y Agosto, una canción de Ricardo Lezón pero inspirada en otro miembro del grupo, que cerraría este regalo de show.

Arte para los sentidos gracias al acierto por parte de la sala de programar una velada tan novedosa y la genialidad de estos dos grandes artistas de crear algo así y querer compartirlo con el público.

Texto: Lorena GB

VIAJE AL MUNDO INTERIOR DE MANUELA VELLÉS

Huesca, 23 de marzo, casi medianoche, y un público expectante frente al escenario de la sala El Veintiuno. Así empieza un relato que bien podría ser cinematográfico, y más teniendo en cuenta de quién sería la protagonista. Nada más ni nada menos que la reconocida artista Manuela Vellés, más bien por su carrera como actriz, pero que en esta ocasión nos iba a descubrir su faceta como cantautora.

Esa semana en la ciudad se celebraba la Muestra de Cine Realizado por Mujeres de Huesca en su decimonovena edición, y esta cita musical en cierta manera le daba esa pincelada de cine y de nexo de unión. Sin duda una elección muy exquisita y apropiada por parte de la sala como actividad paralela dentro del marco de la muestra.

La cantante pisaba por primera vez este escenario oscense, tras su paso el día anterior por el Centro de Congresos de Barbastro. Un gran estreno en la provincia donde como ella mismo comentaría, resultaba ser donde firmaría su primeros ejemplares del libro-disco creados especialmente para la presentación al público de este su primer álbum Subo Bajo.

Ataviada tan solo de su guitarra y su voz, Vellés hacía un recorrido por su repertorio de trece canciones, repleto de retratos de realidad, de letras que nos mostrarían su mundo de luces y sombras. Destellos del propio Subo Bajo que le da nombre al disco; la fuerza de No me ves o Amanezco Cantando; al ritmo del BalanceoBailemos La Niña Mala; el amor en Ojos Chiribitas; las emociones en Mi Suerte e Inevitable o Zac, canción para su sobrino; la superación con La Hoja; y para corear No me busques más. A través de un bonito timbre de voz y lo personal de sus estrofas, nos explicaría el origen de cada uno de sus temas, desnudándose interiormente ante el público, y enseñando así una faceta mucho más íntima y propia. La fórmula propicia para regalarnos una velada cálida, calmada y especial.

Esa noche el absoluto silencio en la sala por parte del público se hizo palpable, denotando un verdadero interés por lo que estaba sucediendo, y quizás fuera también fruto de ese brillo en la mirada de la madrileña, que traspasaba el escenario. Supo captar esa atención y hacernos partícipes de sus historias, y sentir esos extremos de la vida en los que a veces ‘subes’ y otras ‘bajas’. Un concierto sincero y libre de artificios. No hacían falta.

Texto: Lorena GB

EL HURACÁN MUSICAL ALICE WONDER

El pasado sábado 23 de febrero la sala El veintiuno había programado como último concierto de mes, uno de los que iría directamente a la lista de inolvidables e imprescindibles. Alice Wonder, como esta joven madrileña se hace llamar, llegaba a la capital oscense por primera vez para presentar su álbum debut Firekid.

Irrumpían en el escenario Alice junto a su banda, Charlie Moreno al bajo y teclados y Echedey Molina a la batería, y comenzaban a sonar los primeros acordes de Wash over, la primera canción del disco y encargada de iniciar el show. A continuación llegarían temas como Clean up the mess o Playgame, que nos adentraban en el mundo interior de la artista, o como en el caso también de High tree city, que hablaba de su mejor amigo.

Como ella comentaba, le gusta seguir manteniendo las versiones en sus conciertos, pero había una que no tocaba nunca porque le parecía demasiado buena como para hacerlo, pero era una noche especial así que se había decidido a tocarla. Y ahí nos encontrábamos a punto de presenciar I can’t make you love me de Bonnie Raitt, versionada a piano y voz con una absoluta exquisitez y marcada por un ambiente de total intimidad. En el que seguimos envueltos con The world is changing (me) que interpreto esta vez acompañada de la guitarra.

Después, un tema que tiene en castellano pero que no está en el disco, Ahora por si apareces, y que habla de esa persona que te cae fatal y que jamás sería tu amigo pero de la que incomprensiblemente te enamoras, hizo que acabara siendo coreada en su estribillo a petición de la propia artista. Reaparecieron sus dos músicos para seguir con más repertorio, Fire on my hands, Like mornings, Run run… Un conjunto que conseguía enganchar al público cada vez más, haciendo patente de forma más que evidente de que esta joven promesa del indie está dejando de serlo para convertirse en una realidad.

Durante el show una canción que sorprendió y encantó entre el público, y a mí personalmente me flipó, fue Rob a bank, una colaboración que hizo con el productor Ed is Dead y que nos mostró a una Alice más desatada. De nuevo sola al piano, con el tema Que se joda todo lo demás, compuesto apenas hace un mes, nos hablaría sobre ese punto de luz que encuentras en esas cosas que no van como deberían. Y acabaron sonando I don’t know how y Take off como el que parecía el broche final. Y es que como la propia Alicia nos explicaba durante el concierto, de abrirse una cuenta en Instagram animada por sus amigos y al poco convertirse en un fenómeno viral de esa red social donde versionaba canciones de reconocidos artistas, pasó gracias a la ayuda de una modesta discográfica (Infarto) que empezada desde cero, a tener tres millones de escuchas con su primer tema Take off en Spotify. Todo muy ‘random’ pero un gran empuje para continuar y componer más canciones.

La madrileña, dejó ver actitud y una gran madurez a pesar de su juventud, ofreciéndonos un viaje por sus vivencias personales a través de sus canciones, en su gran mayoría en inglés, debido a que como ella misma explicó, al entrar en un colegio bilingüe con 6 años aprendió a expresarse mejor en ese idioma antes que en castellano.

Pero esto no había acabado, con los bises, nos encontramos con ella sola frente al piano para interpretar la única canción en castellano del álbum, Bajo la piel, que hizo que definitivamente todo el público cayera rendido. Fue emocionante ver en una artista como confluyen esa garra y delicadeza interpretativa.

Ya de nuevo con banda, Strategy Too mad fueron los últimos temas que irremediablemente anunciaban ahora sí, el final del concierto y su despedida del público oscense, pero con la emoción de haber podido vibrar con ella. Además, nos queda la certeza de que volverá, y con el cartel de entradas agotadas.

Una presentación de ‘Firekid’, que como bien define, todos llevamos dentro, a esa niña o niño de fuego que nunca es tarde para que salga y hagamos sin miedo las cosas que realmente queremos hacer o nos gustan. A las y los presentes nos regaló durante casi hora y media su extraordinaria voz con mucho soul y talento musical, a través de esa puesta en escena tan íntima y desgarradora.

A veces, a dos metros de distancia, la magia se torna realidad, haciéndonos desear que ojalá Alice Wonder haya llegado para quedarse, y que la sala El Veintiuno no pierda nunca su don de darnos estos momentos musicales tan especiales.

Texto: Lorena GB

EL VEINTIUNO, PRÓXIMAMENTE EN LOS MEJORES CINES…

¿Cómo llega a convertirse en una referencia en Aragón y en parte de España (varias veces nombrada en Rockdelux una de las cinco mejores salas de España por votación de sus lectores) una pequeña sala de conciertos de una pequeña ciudad de provincias no mayor que algunas barriadas de grandes ciudades como Madrid, Barcelona, Zaragoza o Valencia?
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Si esto fuera una película, ahora vendría un flashback y de repente la cámara, quizá en un plano picado amplio que fuera bajando y acercándose poco a poco enfocaría una autovía camino de Zaragoza en la cual dos amigos y socios están parados con un coche, en el cual dentro están Marc y Belly de Dorian, mientras ellos están cambiando una rueda pinchada preocupados por si llegarán a tiempo para el concierto que tiene programado Dorian para despedir en formato acústico su gira “A cualquier otra parte” en una pequeña y desconocida sala situada en una pequeña ciudad llamada Huesca, más conocida por ser punto de paso hacía los Pirineos. Probablemente alguno de esos dos amigos y socios, entre quienes estaba Luis Costa (ideólogo y fundador), pensara en algún momento: ¿cómo nos hemos metido en esto?Es en este momento cuando podría haber otro nuevo flashback y esta supuesta película se situaría ocho meses atrás, ahora en diciembre de 2010, momento en cual abre sus puertas un bar cuya ambición inicial es hacerle un hueco preeminente a la música indie, casi desterrada por completo del paisaje musical nocturno de la ciudad. Querían abrir una pequeña puerta a ese universo sonoro y quizá, aunque ambiciosos, ni el más optimista Luis Costa y sus socios pensaban que años después (ahora podríamos usar un flashforward de rápidas imágenes a modo de fotografías como las que ahora ilustran las paredes de la sala) iban a pasar por la sala parte de lo más granado del indie nacional: Iván Ferreiro, Sidonie, Zahara, Anni B. Sweet, Izal (quienes llegaron a tocar en la sala un día después de hacerlo en Palau Sant Jordi), Maika Makovski, los mencionados Dorian, Nacho Vegas, Hidrogenesse, Crystal Fighters, Pony Bravo, Miss Caffeina, Najwa Nimri. Sr. Chinarro, Bigott, León Benavente (quienes dieron su primer concierto en esta sala), Tachenko, etcétera. Y es que desde el principio a Luis Costa y el resto de acompañantes en este excitante viaje se les quedaba pequeño el concepto de “sala de fiesta” y empezaron a programar conciertos con muchísima ilusión y unos medios iniciales muy simples: cuatro luces led que iluminaban un pequeño escenario que consistía en una tarima ligeramente elevada del suelo.
Así empezaba una historia de ascenso musical que poco a poco iba a llevar al escenario de la sala a los nombres arriba mencionados junto a otros que abrían el abanico estilístico (Def con Dos, El Drogas, Berri Txarrak, Coque Malla, Reincidentes, Marwan, Ariel Rot, El Kanka, Sidecars, etcétera). Una historia de ascenso continuado que ha llevado a la sala a estar todos los años nominada a mejor programación en los Premios de la Música Aragonesa; a recibir en el 2016 el premio a “Aragoneses del año” en la categoría de cultura; o a aparecer varios años, como ya se ha mencionado, entre las preferencias de los lectores de Rockdelux, rodeada de salas gigantes de Madrid o Barcelona. El crecimiento e influencia en Aragón ha sido tal que han conseguido durante dos años gestionar, bajo la denominación de Producciones El Veintiuno, la programación musical de las fiestas locales de San Lorenzo (declaradas de interés turístico nacional), consiguiendo revitalizar una oferta musical con nombres contrastados, de calidad y de amplio tirón popular como Loquillo, Love of Lesbian, Leiva, Rosendo, Amaral o Ilegales, e incluso desplazarse a localidades y provincias aledañas como Logroño para hacer lo mismo este pasado 2018 en las fiestas de San Mateo con nombres como Kiko Veneno, Los Enemigos y Rayden.

¿Y cómo terminaría esta película? Pues es que todavía no ha terminado. La historia sigue y está abierta a la espera de que nueva gente se sume a conocer una sala y un lugar en el cual todas las personas que están por primera vez destacan y se sorprenden del ambiente de hermandad festiva que se respira. Así pues, si esto fuera una película (y no la vida real), ahora vendría un “continuará…” como los de las mejores sagas cinematográficas.
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Texto: Juanjo Rueda
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MAIKA MAKOVSKI EN ESTADO PURO

Maika FB© Marina Gil -1

El Veintiuno nos tenía preparada para el ecuador de su 7º aniversario una noche inolvidable. La sala hizo que nos encontrásemos por primera vez sobre su escenario un piano de cola y a una Maika Makovski sola ante el peligro pero sin nada que temer. Volvía sin banda después de 4 años y repitiendo de nuevo para el aniversario.

Comenzó dedicándonos una sonrisa y ya con guitarra en mano hizo el primer regalo de la noche con Canadá, la primera canción de su último disco Chinook Wind. Bastó poco para saber que estábamos frente a una artista mayúscula. Rostros sorprendidos y gestos de declarada admiración auguraban que esa voz y potencia interpretativa iban a traspasar el escenario para dejarnos sin aliento.

La siguiente canción vendría acompañada del piano, donde dejaba claro que juntos formaban un binomio perfecto. No sin antes dar las buenas noches y recalcar sus ganas de tocar en ambientes como este, salas y bares impregnados de otros olores y sensaciones propias. Hemos de recordar su paso en mayor medida por teatros en su gira actual. I want to cry sonaba nota a nota entrelazándose y viajando hacia lugares desconocidos, nos hacía cómplices de sus historias, al igual que en downtown donde podíamos percibir su intensidad y determinación con la que lo interpretaba a piano y voz.

Su magnetismo era evidente. Tenía a un público embelesado y rendido a su talento. Desprendía una fuerza extraordinaria sobre el escenario y sabía proyectarla pero que muy bien.

Desbordantes de sentimiento y fluyendo con fuerza sonaron temas como Body e Iron Bells. También presenciamos la belleza de Not in love, otro de los temas que sonó de su último disco. Canciones a piano y a la guitarra las combinaba con gran naturalidad y seguridad, entremezclando ciertos momentos con risas y alguna que otra historia que hacía de la velada un lugar cómodo y de total disfrute.

Y es que no podemos dejar de lado que parte de la magia y buena energía que se crea entre ambos lados del escenario son fruto de la sala en la que nos encontrábamos. En El Veintiuno te sientes a gusto, como en casa y se logra esa cercanía y conexión con el artista tan importante en un concierto.

Sonidos pop, rock, folk se sucedían en el repertorio, temas de anteriores discos como Language, Lava Love… pero no nos confundamos, encasillarla en un estilo sería un error. Esta cantautora mallorquina de raíces macedonias y andaluzas tiene personalidad y mucha honestidad interpretativa.

Como colofón de la noche, Makovski para los bises se tomó el atrevimiento de interpretar dos versiones muy dispares entre sí pero muy acertadas, que una vez más mostraron la versatilidad de la artista. Los Aceituneros de Marifé de Triana, donde hacía un guiño a sus raíces andaluzas y China Girl de Bowie, todo un homenaje a uno de los grandes. Un punto y final a una delicia de show, de los de saborear y que te llenan de sensaciones.

Sencillamente hay conciertos que te alegran la vida, y nuestro mejor regalo es poder compartir tan gratos momentos musicales en El Veintiuno. ¡Feliz aniversario!

Texto: Lore GB

Imagen: Marina Gil

LOS BROTES MUSICALES DEL OTOÑO

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La temporada de conciertos en El Veintiuno no ha hecho más que empezar y sin embargo ha dejado ya unas cuantas noches memorables. Un cartel otoñal digno de grandes salas que no hace más que crecer y ganarse el calor del público y el cariño de los artistas que por aquí pasan.

Los directos arrancaban con El Kanka el último fin de semana de septiembre, para seguidamente dejar paso en octubre a Depedro. El primero se estrenaba en este escenario, y el segundo repetía visita volviendo a la capital oscense. Pero ambas propuestas se alzarían con el éxito y una muy buena acogida en sus sendos conciertos acústicos.

El mes de octubre seguía su curso y el buen gusto por las voces femeninas hacía que Virginia Maestro regalara al público de El Veintiuno los temas de su último disco Blue Bird a guitarra y voz. Y se lo ganó desde el minuto cero, su simpatía y talento vocal acabaron por conquistar a los ahí presentes, más que dispuestos a ovacionar animadamente el show de la artista en cada canción.

La cita con el Festival Periferias en Huesca hizo que la sala además se sumara a la programación ofreciendo varias actuaciones al ritmo de las palabras, temática elegida para esta edición. Uno de los elegidos fue YouRock, banda encargada de dar voz a palabras compuestas por grandes clásicos del rock en formato acústico.

Siguiendo con este evento periférico la aparición en escena de LKan, acompañados del grupo oscense Made in Primavera como teloneros, presagiaba toda una revolución de sábado noche, y lo cumplieron con creces. Su buen rollo dentro de la parodia, sus ritmos pegadizos y llenos de humor, hicieron que la entrega de los ahí presentes fuera total y de una constante interacción y participación. Bromas, disfraces, y sobre todo muchas risas y bailes.

Y para rematar esas veladas de ‘palabras’, el Bleep culminaba su ruta con la inestimable ayuda y energía de las dos bandas oscenses El Verbo Odiado y Gloriosa Rotonda dentro de estas cuatro paredes tan musicales. Ya con el cambio de mes, Polock regresaba a la sala para presentar su nuevo trabajo Magnetic Overload en un alarde de madurez compositiva y reafirmando su sello de identidad. Sonidos magnéticos que atraparon la atención de los asistentes.

Esto solo es el principio, noviembre continua y sonarán artistas como Nuria Gráham o Sexy Zebras, sucedidos por Maga y Black Ice, y dejando para el último fin de semana a Aviador Dro y Kuve. Pero si todavía quedara alguna duda de la calidad y variedad de esta programación, esperad a ver diciembre… Los directos en El Veintiuno cada vez pisan más fuerte.

 

Texto: Lore GB

 

 

Nos llevamos a casa la «Mejor programación 2016»

El pasado 18 de abril se entregaron los Premios de la Música Aragonesa en su XVIII edición, y El Veintiuno optaba a llevarse el galardón a Mejor Programación junto a otros nominados como La Ley Seca, la Sala López y Las Armas. Así que ante tal magnitud de contrincantes fue muy grata la sorpresa de alzarse con el merecido premio, que cabe decir ya consiguieron hace dos años, y que denota que nada es imposible y que desde una pequeña sala de provincias se puede llegar muy lejos.

Este premio es el reconocimiento a un año 2016 en el que la propuesta musical de la sala gozó de una gran calidad en una temporada de cargado de buenos conciertos, con una programación musical laurentina sobresaliente, de la que se encargaron por primera vez las pasadas Fiestas de San Lorenzo, y con un cartel de sexto aniversario mayúsculo que daba cierre al año con artistas como Iván Ferreiro, Christina Rosenvinge o Miss Caffeina entre muchos otros. En resumidas cuentas un compendio de música en directo muy digna de ser aplaudida, que no va acompañado de otra cosa más que de un enorme trabajo y las ganas de seguir una vez más haciendo las cosas bien, avalados por sus ya seis años de recorrido.

No debemos olvidar además que recientemente apareció en el top 5 del ranking de las mejores salas nacionales que otorgan los lectores de la prestigiosa revista musical Rockdeluxe, otro signo más del apoyo y la buena acogida con la que cuenta la sala.

El volcarse en un trabajo con el mismo esfuerzo e ilusión que desde el comienzo, e incluso más, tiene recompensa, y los premios pueden ser parte de ese reconocimiento sí, y son de agradecer por supuesto, pero lo más importante para El Veintiuno es la confianza y agradecimiento de ese público que día tras día sigue ahí creyendo y disfrutando de este bonito proyecto.

Como suele decirse: ‘Caminante no hay camino, se hace camino al andar’, y desde luego esto hace El Veintiuno, forjarse su propio camino y a muy buen paso.

 

Texto: Lore GB