Nuevos existencialistas

El Verbo Odiado presentó su cuarto álbum en El Veintiuno

Aunque no era una corriente homogénea, el existencialismo —al que se adscribieron de una forma u otra figuras tan distintas e incluso antagónicas como Kierkegaard, Nietzsche, Camus o Sartre— consideraba que el punto de partida de su concepción filosófica era el individuo y la experiencia subjetiva. Y todos ellos compartían un interés obsesivo por conceptos como la condición humana, la libertad, las emociones, el sentido de la vida o la desesperanza.

A la luz de todo ello, se podría afirmar que el grupo oscense El Verbo Odiado es heredero del existencialismo, que comparte sus mismas preocupaciones, a las que ellos añaden el amor (y el desamor) y la muerte, idea que aparece en muchas de las letras de sus canciones. Parafraseando el título de una película de John Huston de 1969, se podría decir que los conciertos de El Verbo Odiado constituyen un paseo por el amor y la muerte.

El Verbo Odiado

Estos nuevos existencialistas, que el viernes presentaron en directo en El Veintiuno su cuarto álbum, El Gran Odio, a nivel musical beben de corrientes como el shoegaze, el noise pop o el post-punk. En todo caso, se trata de música introspectiva, ensimismada, a veces de una profundidad abisal y siempre con tendencia a la creación de atmósferas intensas y obsesivas.

Desde que se formó en el año 2012, el grupo ha experimentado una formidable evolución, sin salirse nunca de su senda personal y ganando por el camino un número creciente de fans, como lo demuestran sus dos recientes sold outs consecutivos en la Sala Cadavra de Madrid, su incorporación al programa GPS (Girando Por Salas) o la muy buena entrada del viernes en El Veintiuno, con un público que se conocía ¡todas! sus canciones. Parecen estar, sin duda, en su definitiva rampa de lanzamiento.

El Verbo Odiado

Y, desde luego, Jorge Pérez —en su papel de líder taciturno—, Jorge Moreno, Adrián Mored, Pepé Ibáñez y Juan Ramón Plaza forman una banda cada vez más compacta y poderosa. Dividieron su actuación en dos partes. En la primera interpretaron al completo su nuevo álbum, y en la segunda repasaron algunos de los temas de su discografía anterior.

La noche comenzó en plan intimista con Un río nuevo, tema de claro carácter confesional y guiado por una guitarra desnuda de artificios. Siguieron con uno de los hits de su nuevo trabajo, Canción rota. Y tras mostrar su lado más pop en el tema Centro de gravedad, subieron el nivel de intensidad con Laberinto, que terminó con una bella y silenciosa coda final.

El Verbo Odiado

K2 —certera metáfora—, en clave de post-punk, evocó el más puro existencialismo con esa letra que repite “nacer para morir”. De nuevo, subió la intensidad con El texto, y en El canto del cisne siguieron una fórmula que suelen aplicar en bastantes de sus canciones: un inicio íntimo y tranquilo que va subiendo el tono hasta llegar a un final explosivo.

El sonido shoegaze de La metamorfosis dio paso al pop férreo y rotundo de El Gran Odio y, por último, al tema que da nombre al grupo, El Verbo Odiado, una suerte de montaña rusa sonora que da comienzo con una bruma pesadillesca para después ir subiendo y bajando su intensidad hasta desembocar en un largo final instrumental en clave noisy.

El Verbo Odiado

Hasta allí había llegado la presentación de su nuevo disco. Y tras un breve descanso, que aprovecharon para cambiar algunas cuerdas rotas, el grupo oscense subió de nuevo al escenario para ofrecer una segunda parte con temas de sus anteriores álbumes, comenzando con la contundente y lacerante La pasión y siguiendo con ese Maniatados que cabalga sobre un hipnótico y lisérgico ritmo motorik propio del krautrock.

El Verbo Odiado

A la nebulosa noisy de La mancha, le siguieron el perturbador Semifinal (a vida o muerte), el shoegaze pop de Fargo y uno de sus hits incontestables, A punto de fuga, que a mí siempre me evoca a los primeros U2, con su brillante e infeccioso riff de guitarra. Y el final llegaba con la intensidad ígnea de La peor deuda.

Pero faltaba la propina, para la que no pudieron elegir mejor tema, El odiado, con su inicio planeador sobre la base de un sintetizador y su desarrollo en forma de clímax que no llega nunca a alcanzarse, siguiendo en cierta forma el mismo esquema del Bolero de Ravel, pero en clave post-punk, con los fantásticos coros agudos de Pepe apoderándose del explosivo, intenso y catártico final del tema. Un magnífico broche para una actuación que sirvió para confirmar el excelente momento actual del grupo.

El Verbo Odiado

Texto: Luis Lles

Fotos: Rafa Ariño

Fuente: Diario del AltoAragón

Scroll al inicio
Logo El Veintiuno
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Puedes revisar nuestra política de privacidad en la página de privacidad y cookies.